Tres de cada cuatro poemas hablan sobre pájaros…
Una reseña de Prueba olímpica de Lorena Huitrón Vázquez por Nora Abad, editora de la Caracola.
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Las heridas lingüísticas son más memorables que los versos sobre hojas caídas y pájaros distantes.
“Tres de cada cuatro poemas hablan sobre pájaros”. Así inicia el poemario de Lorena Huitrón que nos presenta a los gansos como “aves hostiles y rencorosas” que se acercan si perciben la posibilidad de comida, pero que “si estás solo están siempre listos para la agresión”.
Esta introducción a Prueba olímpica ofrece un vistazo a lo que será la obra en adelante: una demostración del poder de la palabra furiosa, como la ira de esos gansos en el parque que azuzan “a ancianos mientras hacen estiramientos”.
“Los insultos son más inteligentes que muchos poemas”, escribe Lorena, y lo demuestra cuando reflexiona sobre el funcionamiento de una ofensa: “Hablar desde la ira requiere esfuerzo y agilidad, hacer rápidamente un recuento de las debilidades del otro para decírselas con la mayor saña”.
O bien, cuando da cuenta del descubrimiento del daño que pueden inflingir las palabras: “La semana pasada una niña dijo ya no te quiero. Usó esas palabras como juguetes nuevos”. En este poemario asistimos al desbordamiento de los sentimientos de una voz poética herida y enojada.
Una voz que se ha hecho consciente de la injusticia del trato que una pareja le ha otorgado, pero también de las injusticias del medio profesional en que se desarrolla y de la organización de un mundo en el que se pierde el derecho a existir en el propio territorio.
La expresión de estas inconformidades a través de un lenguaje potente en su furia, más que la furia en sí, es el hilo conductor de este libro. El enojo de la voz poética no “empapa al texto, lo adorna”. Prueba olímpica comienza con un cuestionamiento en forma de poemas-ensayo que hablan del territorio y el ambiente, sentando las bases para hablar después del cuerpo y las relaciones personales y profesionales. El segundo poema del libro comienza aseverando “Todo es territorio”, para después señalar que “Existe conflicto entre el Estado y sus habitantes por la explotación del espacio” y finalizar comparando el cuerpo con estos territorios en disputa:
El cuerpo los emula: no hay libertad sino esa sensación de ser un adorno: un instrumento que recibe embestidas.
Esta comparación entre el mundo natural y sus conflictos con las cuitas humanas avanza a lo largo del libro a través de la noción de los agentes perturbadores, elementos que dan título a la primera sección del libro. Estos hacen su aparición en medio de descripciones de fenómenos naturales para luego mostrarse en todo su magnificencia destructora al entrar en contacto con la vida de individuos particulares.
Estos agentes perturbadores, que lo mismo causan ciclones que divorcios, son los catalizadores de los poemas que nos muestran lo “doloroso como memorable” de “ser blanco de una herida lingüística”.
Rabia pura Este ejercicio de rabia y palabras que Lorena Huitrón emprende, y al que nos invita con su manejo preciso y meticuloso del lenguaje, no podía no volverse metalingüístico. Los versos lo mismo expresan la violencia de una discusión o el dolor causado por una mentira que su mecanismo, porque “decir la verdad es tan sencillo como vergonzoso. / Mentir requiere apoyo en lo fantástico”. En la misma línea, en estos poemas hay espacio para la crítica a la escritura academicista y a la burocracia de las instituciones culturales que cosifican los temas recurrentes en la poesía:
como si justo en la poesía
hubiese una velada forma de explotación
de la naturaleza
en la que todo pierde la voz.
Porque después de todo, “quizá es más hermoso un poema sobre una catarina en el cabello que una alteración neurológica”, pero también, ya que “dos de cada tres poemas mencionan la lluvia”, Lorena se da la oportunidad de usar esas imágenes recurrentes en la poesía (las aves, el paisaje, el desamor) para transmitir un sentimiento al que no estamos tan acostumbrados en este género: rabia pura.
El poemario cierra con la sección “El alborotador de la razón”, un conjunto de poemas que dialogan con (y en ocasiones reescriben) la obra de John Thompson, una figura que parece conectarse con el resto del libro como un ejemplo de ir contra el sistema —quizá como agente perturbador en sí y de sí mismo – , pero también de la desesperación y la desolación que solo puede expresarse mediante el ejercicio literario.
El peso de las palabras Lorena Huitrón entiende pues el peso de las palabras. En la hoja y en la vida, en sus usos pragmáticos y performáticos. Las palabras que en este libro lo mismo sirven para explicar fenómenos naturales y sociales, que para expresar el alcance del daño que pueden causar y, a la vez, su completa inutilidad cuando intentamos ritualizarlas a nuestro favor. Invocamos nombres propios a gritos, pero eso no trae de vuelta a aquellos que han salido de nuestras vidas. O, por el contrario, callamos, omitimos, tratamos de borrar y, no obstante, eso no cambia el pasado ni barre su huella.
Lorena escribe en uno de sus poemas que “un poema existe sin parvada”, y sin embargo, este conjunto de poemas en prosa, algunos casi aforismos, exigen, al menos en su primera sección, una lectura completa para comprender lo que fluye bajo todos ellos.
Para volvernos conscientes, como la voz poética, del poder de la palabra para causar daño, pero también para exorcizar ese dolor. El libro de Lorena Huitrón es sin duda una herida lingüística que vale la pena dejarse inflingir.
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Nora Abad estudió Lingüística y Literatura en la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla y actualmente colabora como editora en Caracola Ediciones. Sus intereses van desde la no ficción a la poesía y siempre disfruta volver a leer a los clásicos.